¿Tiene sentido hablar de objetivos en 2026?
¿Recuerdas aquellos tiempos en los que nos emocionábamos con los propósitos de Año Nuevo, los objetivos y los planes para el año siguiente? Imaginábamos (o al menos yo lo hacía) horarios rectos como trazados con regla, impulsados por el ya clásico optimismo de enero: la creencia de que el mundo sería lo bastante amable como para cooperar con nosotros. Fija un objetivo, trabaja duro, sé constante y voilà: tenía que salir bien.
¿Y qué lejos estamos hoy de eso?
El ánimo global últimamente no acompaña precisamente. Inestabilidad económica, tensiones políticas, agotamiento disfrazado de ambición… cuesta verlo como una invitación al alegre arte de planificar. En los últimos años no he sentido una gran emoción ante la llegada de un nuevo año. Sin champán. Con pocas esperanzas de tiempos más tranquilos. Y, sin embargo, paradójicamente, esta planicie emocional me ha vuelto más realista. Menos idealista, más anclada en la realidad. Y el realismo, como resulta, puede ser un aliado mucho mejor a la hora de trabajar hacia los objetivos.
En lugar de dibujar cosas nuevas este año, me concentro en aquello en lo que llevo tiempo trabajando. Así de simple. Cosas que no lucen impresionantes en una pizarra, pero que realmente construyen habilidades y hacen que la vida cotidiana sea mejor. Dicho esto, sí, empiezo un proyecto nuevo y, sí, ha traído un soplo de aire fresco. El fundamento, sin embargo, sigue siendo el mismo. Sin revoluciones. Más bien una constancia consciente, paso a paso.
A menudo subestimamos lo que el trabajo tranquilo y regular puede lograr con el tiempo. No el que sirve para anuncios emocionantes, sino el que se acumula en silencio. Hacer cada día tareas sencillas. Mejorar. Ajustar. Seguir incluso cuando la motivación raspa el fondo del océano. Este enfoque no suena espectacular, pero es constante, y la constancia está sistemáticamente infravalorada.
Sigo pensando que fijarse objetivos tiene sentido, pero también vale la pena replantearnos qué entendemos realmente por ellos. Objetivos como dirección, no como presión. En un mundo poco propicio para el optimismo, que se ha vuelto impredecible, el esfuerzo regular que hacemos por nosotros mismos y por nuestro entorno puede ser una forma de libertad.
Estas son reflexiones personales, moldeadas por conversaciones y observaciones. Me intriga saber cómo te sientes tú ante este cambio.
Un tranquilo Año Nuevo,
Iza
